El laúd

El laúd es un instrumento de cuerda pulsada de origen árabe, muy habitual en el repertorio de música medieval, renacentista y barroca (entre los siglos XIV y XVII o XVIII).

Suele utilizarse en obras de música barroca como bajo continuo, es decir, un soporte armónico a base de acordes.

 

Partes del laúd

El laúd se divide en tres partes fundamentales:

Cuerpo

Se trata de una caja de resonancia abombada por la parte trasera y plana por la delantera, cuya forma se suele comparar a la de una pera. Esto conforma un cuerpo ligero, construido a base de diversas tiras de madera (normalmente abeto) a modo de gajos.

En la tapa superior se dispone la boca, que sirve para dejar pasar el sonido de la caja de resonancia, y uno o varios rosetones, tallados de modo similar a la tracería, que funcionan elemento decorativo.

Aunque existen diferentes tipos de laúdes, el más común tiene seis cuerdas dobles que se extienden desde el puente o cordal, que es la pieza que funciona como barra en la que se anudan las cuerdas.

Mástil

Del cuerpo del laúd parte un mango alargado sobre el que se disponen las cuerdas tensadas. Lo protege una lámina de ébano que se coloca encima llamada diapasón, sobre la que se apoyan los dedos al pulsar las cuerdas.

Al igual que otros instrumentos similares, el laúd cuenta con trastes que marcan la disposición de las notas, ya que acortan la longitud de la cuerda.

Clavijero

El laúd se caracteriza por la forma peculiar de su cuerpo, pero también por lo curioso del clavijero, que es la pieza en la que se termina el mástil y que se presenta doblada en ángulo hacia atrás, hacia el propio mástil. Se trata del otro punto de agarre de las cuerdas, y precisamente para regular la tensión de cada una de las doce cuerdas se emplean las clavijas, muchas veces de forma triangular. Estas clavijas permiten enrollar más o menos la cuerda y con ello tensarla para subir la frecuencia del sonido o destensarla para que se escuche más grave.

Afinación del laúd

Aunque existieron múltiples variantes del laúd, su forma clásica (establecida a comienzos del siglo XVI) se presenta con seis cuerdas dobles que se afinan del siguiente modo, de grave a aguda:

  • Sol
  • Do
  • Fa
  • La
  • Re
  • Sol

Durante el Barroco se añadieron más cuerdas graves para enriquecer los bajos durante los acompañamientos. De ahí derivaron instrumentos como la tiorba y el archilaúd.

Historia del laúd

El laúd está documentado desde el siglo VII en la Península Arábiga como un cordófono con la parte posterior de cuero y un total de 4 cuerdas, que se utilizaba para acompañar a la voz en la interpretación de canciones. Normalmente se tocaba con una especie de púa llamada plectro.

Durante la Edad Media, especialmente en la época de las Cruzadas del siglo XII, comenzó a popularizarse en Europa. En el Renacimiento fue un instrumento de gran proyección, con autores de una vasta producción como John Downland. Poco después, durante el Barroco, se consagró como uno de los instrumentos más importantes, habiendo escrito música para laúd compositores de la talla de Robert de Visée, Silvius Leopold Weiss o el propio Johann Sebastian Bach.